Este ensayo reflexiona sobre la supuesta existencia de un “momento constituyente” durante el gobierno de Pedro Castillo y concluye que fue una falacia política y jurídica. Si bien la Constitución de 1993 carece de legitimidad de origen por su nacimiento tras el autogolpe de Fujimori, ha adquirido legitimidad de ejercicio al regir múltiples gobiernos y garantizar la separación de poderes y derechos fundamentales. El texto explica que los verdaderos momentos constituyentes son excepcionales, espontáneos y surgen de transformaciones históricas profundas, lo que no ocurrió en 2021-2023. Se critica la instrumentalización del discurso constituyente para promover una Asamblea fuera del marco constitucional, incluso recurriendo a la violencia. El ensayo sostiene que los males nacionales no se resuelven con una nueva Constitución sino con voluntad política y buena gestión. En conclusión, la vía legítima de cambio es la reforma constitucional prevista en el artículo 206, y no un falso momento constituyente impuesto por intereses particulares